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Rosario y Misterios

Como Rezar el Rosario Fácil y Rápido

El rosario es una tradición dentro de la religión católica para ayudar a rezar y meditar sobre acontecimientos e historias clave de la vida de Jesucristo, y a menudo se reza como una forma de pedir indulgencias.

El rosario es una tradición dentro de la religión católica para ayudar a rezar y meditar sobre acontecimientos e historias clave de la vida de Jesucristo, y a menudo se reza como una forma de pedir indulgencias. Esta tradición existe desde hace siglos, pero puede ser difícil saber por dónde empezar o cómo rezar el rosario si nunca lo has hecho.

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El rezo del rosario, en pocas palabras, es un proceso simple de diez pasos que tiene cinco conjuntos de diez cuentas o meditaciones, y cada conjunto suele seguir un tema específico. El “Padre Nuestro”, también conocido como la Oración del Señor, suele comenzar cada meditación con una cuenta dedicada a esta oración entre cada cuenta individual que suele estar formada por tres oraciones del “Ave María”. Además de estas oraciones clave, hay un conjunto adicional dedicado a la meditación sobre la vida de Jesucristo desde su nacimiento hasta su resurrección, llamado “Los Misterios Gloriosos”.

Paso 1

Comience sosteniendo las dos cruces en el centro del rosario. Hay dos pequeños círculos/anillos a cada lado, justo debajo de donde lo sostiene, que se ajustan a su dedo. Puede utilizar cualquier mano que prefiera para ello, pero ayuda a tener un dedo en cada lado si es posible. Las cuentas del rosario son pequeñas y normalmente están hechas de piedra o cristal, aunque algunas también son de metal o plástico.

Paso 2

Empiece pasando el pulgar por debajo de la cuenta del “Padre Nuestro” (la segunda), luego por encima de la cuenta del “Ave María” (la tercera) y de nuevo por debajo de la cuenta del “Padre Nuestro”. Este patrón continuará hasta que llegue al final, donde hará otro bucle al final a través de ambos círculos/anillos para marcar el punto de partida. Si esto es confuso, recuerde que sólo es necesario hacer un bucle a través de ambos anillos cuando se pasa de un conjunto a otro.

Paso 3

Las cuentas del rosario se dividen en cinco grupos de diez, llamados “décadas”, y entre cada década hay una cuenta más grande con una cruz. Para este paso tendrá que mover el dedo desde el segundo agujero de cada fila hasta el tercero, de modo que tenga espacio entre cada grupo. Usa tu dedo para empujar una cuenta hacia arriba por el centro para que todas caigan una a una. Oirás cómo traquetean al tocarse. Una vez que estén todas asentadas en el anillo/ciclo inferior, vuelve a empezar desde el paso 2 hasta que alcances el grupo de meditaciones que desees.

Paso 4

Una vez que pase el quinto grupo de cuentas/meditaciones (que cuentan con la cuenta del “Padre Nuestro”), continuarás con el sexto grupo. En lugar de invertir el orden, pasarás por encima de cada cuenta/meditación sin mover el dedo hacia arriba para dejar espacio a cada grupo. De este modo, estas cuentas/meditaciones se diferencian del resto del rosario.

Paso 5

Si el tiempo lo permite, puede elegir si rezar o no una oración entre cada meditación del “Ave María”. Algunas personas prefieren este paso, mientras que otras lo consideran redundante y lo omiten por completo.

Los siguientes pasos son opcionales:

Paso 6

Para algunas personas, decir otra oración al final se considera redundante porque terminaron su primera oración meditando sobre la resurrección de Cristo en el paso 10.

Paso 7

Hay personas que prefieren tener el Padre Nuestro al final de cada meditación, en lugar de al frente de cada conjunto.

Paso 8

Algunas personas optan por no rezar las oraciones del “Ave María” que corresponden a cada cuenta/meditación. Simplemente continúan con sus pensamientos de una meditación a otra sin interrupción entre ellas. También puede optar por meditar en los cinco conjuntos simultáneamente de esta manera, si así lo desea.

Paso 9

Algunas personas prefieren utilizar un crucifijo en lugar de las cuentas al rezar el rosario porque es considerado más tradicional por algunos católicos. Otros utilizan tanto el crucifijo como las cuentas mientras rezan en voz alta o en silencio, como prefieran.

Si utiliza el crucifijo, sosténgalo en el mismo lugar donde sostiene las cuentas. La Virgen de Fátima se le apareció a Lucía Santos con un rosario que se perdió, pero ella le dijo a su hermana que lo estaba rezando en ese momento. Sin embargo, otros sostienen que esto no es necesario y que es más tradicional utilizar el cristograma en su lugar.

Paso 10

Algunas personas prefieren meditar en cada conjunto durante varios minutos o dividir su meditación en tres partes: una parte antes del “Padre Nuestro”, una parte durante después de la cuenta/meditación del “Padre Nuestro” y una parte después mientras continúan sin repetir los pasos 2-4.

Otros optan por contemplar tres conjuntos simultáneamente en lugar de dividir su tiempo por igual entre todos ellos.

Paso 11

Algunas personas prefieren utilizar una sarta de cuentas del rosario con cincuenta o más cuentas y contar cinco décadas a la vez en lugar de diez, por lo que sólo dicen la primera oración una vez. Esto es considerado más tradicional por algunos católicos. Otros prefieren seguir como siempre, rezando el mismo número de series que siempre y meditando el mismo tiempo que antes.

Mientras que otros optan por rezar hasta llegar al grupo de meditaciones deseado, y luego se detienen durante varios minutos para contemplarlas detenidamente antes de seguir adelante. Todo depende de las preferencias y de cómo te sientas rezando durante ese periodo/sesión en particular. No hay reglas fijas sobre estas cosas y cada uno reza de forma diferente.

Rezar el rosario es una oración muy poderosa y una de las más populares. Se dice que es una forma eficaz de que los católicos se acerquen a Dios y también ofrece muchos beneficios para la salud, como el alivio del estrés, la mejora del estado de ánimo y la disminución de la presión arterial.

El rosario es considerado sagrado desde hace mucho tiempo por los cristianos, que creen que fue un regalo de la propia María en el año 590 d.C., cuando se apareció a Santo Domingo de Guzmán (el fundador de lo que hoy conocemos como la Orden de los Dominicos) mientras rezaba en su santuario de la montaña de Montserrat, cerca de Barcelona (España).